LA CULTURA DE SER PADRES

By Christian V. Rodas 7 meses agoNo Comments
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Todos los que somos padres constantemente tenemos la misma pregunta en nuestra mente cuando se trata de la crianza de nuestros hijos: ¿Lo estoy haciendo bien?

Es normal que todos, en algún momento, reflexionemos sobre las formas o las decisiones que tomamos sobre nuestros hijos, pero sobre todo, estas dudas nos abundan en situaciones particulares: cuando parece que nuestros hijos no nos entienden o la comunicación no fluye, y cuando cometen errores o se meten en problemas de los cuales ya les habíamos advertido.

¿Qué podemos hacer cuando dudamos sobre nuestra manera de crianza?

Dialogar con nuestra pareja

Nuestro compañero de crianza puede y debe ser nuestra primera fuente para el diálogo sobre la crianza de nuestros hijos en cualquier etapa de sus vidas.  Cuando los padres conversan entre ellos y son sinceros sobre sus temores, dudas o preocupaciones, es más fácil ponerse de acuerdo, buscar ayuda y llevar acciones para que las cosas que buscan, sucedan.

Recuerda que es fundamental que los padres estén de acuerdo en la manera de educar a sus hijos, la disciplina y todo aquello que quieras inculcar a tus hijos tiene mayores posibilidades de tener éxito cuando lo hacen los padres juntos.

 Compartir con otros padres

Las reuniones de padres de familia de la escuela, los familiares y amigos con hijos en edades similares y los padres cuyos hijos y los nuestros comparten mismas clases, talleres o situaciones especiales pueden ser fuente para dialogar, escuchar y aprender entre pares.

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Nunca descartes asistir a un taller de padres ofrecido por el colegio, alguna conferencia en tu comunidad o hasta consultar a un profesional. Hablar con otros y expresar nuestras dudas, es preferible ello a quedarnos con preguntas.

Matrimonios mayores

Observa a tu alrededor y observa a un joven con los atributos o actitudes que te gustaría que tus hijos desarrollaran en el futuro, luego busca a sus padres y habla con ellos.  Los adultos mayores, cuyos hijos ya han crecido y son buenas personas, tienen mucho que compartir con los padres novicios. Cuando lo hagas, te darás cuenta que ellos también dudaron como tú, cometieron errores como tú  al educar a sus hijos, pero que de igual manera se sobrepusieron e hicieron su mejor esfuerzo.

Aprender de otras culturas

Hoy vivimos en un mundo globalizado en el que los padres jóvenes y por supuesto, sus hijos, ya son ciudadanos del mundo, ellos ya no compiten laboral o educativamente con los jóvenes de su ciudad, ni siquiera de su país ¡sino con todo el mundo! Por lo que se vuelve muy significativo conocer y estar familiarizado con otras culturas, costumbres y por supuesto,  formas de crianza.

Alemania y Finlandia

Estos dos países actualmente son referencia de avances significativos en educación y por lo tanto, dignos de revisar y buscar emular aquello que pudiera funcionar para tu propia familia.

¿Cómo qué?

En estos países el padre tiene permisos de paternidad más amplios para dedicar tiempo a su esposa e hijo en su nacimiento.  En Finlandia, por ejemplo, el permiso de paternidad puede llegar a prolongarse hasta poco más de 50 días.  Si eres un lector en América Latina, esta cantidad de días te parecerá una utopía pues en nuestro continente, incluyendo los Estados Unidos, los permisos son en promedio poco menos de 15 días.

Entonces, ¿para qué nos sirve esta información?

El principio, podemos destacar la importancia de pasar todo el tiempo posible con nuestra esposa e hijos especialmente cuando son bebés. Cuando el padre dedica tiempo a su pequeño recién nacido establece un vinculo muy similar al de la madre, logrando a futuro relaciones donde hay mayor confianza y comunicación. Un padre que se involucra en el desarrollo y crianza de sus hijos no ayuda a la madre, sino que ejerce su paternidad y establece patrones psicológicos sanos con sus hijos.

Buenos maestros, buenos libros, buena educación

Otro punto del que podemos tomar nota es la prioridad que estos países dan a la educación. Si bien el estado se encarga de proveer alimentos, libros y útiles escolares a los niños, las cosas no se limitan a eso como sí ocurre en otros países.

En Finlandia y Alemania, se busca que los profesores tengan una buena formación académica para que puedan educar a los niños con todo lo que se requiere para este mundo globalizado.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Definitivamente, buscar la mejor educación que podamos brindar a nuestros hijos; y que quede claro, esto no debe traducirse en pagar costosos colegios. Se trata más bien de poner al alcance de nuestros hijos lo mejores libros y ¡leerlos!  De darles oportunidades para aprender de diversas maneras y descubriendo e indagando por sí mismos. La educación incluye, la formación en valores, la resolución de problemáticas para la vida aplicando los conocimientos adquiridos y el desarrollo de una mente sana.

Educación en la libertad

Las últimas dos generaciones de niños desconocen el concepto de “salir a jugar ala calle”  y mucho menos, sin supervisión paterna. Y no es para menos, los tiempos que vivimos, obligan a los padres a mantener a los niños recluidos dentro de sus hogares donde no hay más “aparentemente” que hacer que estar frente a un monitor  con videojuegos.

Si bien en otros países los niños tiene oportunidades de salir a jugar, inclusive solos, nosotros también podemos hacer el esfuerzo por proveer a nuestros hijos la oportunidad de tener experiencias al aire libre y donde puedan ser ellos en libertad.

Cuando pensamos en Alemania, muchos podrán imaginar una fuerte disciplina, pero lo cierto es que  los niños pueden vivir y experimentar el ir o venir en el transporte público, caminar hasta la escuela o andar en bici por el vecindario sin la compañía de su padres pues, al igual que Japón, los adultos han logrado una sociedad donde los niños son protegidos y cuidados por todos.

Aquí hay mucho que hacer para la construcción de sociedades más sanas y seguras para los más pequeños

Los padres y todos en general, debemos de ser solidarios y comenzar a apoyarnos más entre padres, a ayudarnos y ser más empáticos y solidarios, a dejar la crítica y cerrar filas sobre el cuidado de  los menores.

Todos los padres tenemos dudas, pero juntos podremos hacer los cambios que nuestra sociedad requiere para que todos los niños tengan más y mejores esperanzas de una vida sana y feliz. Es nuestro deber como padres y nuestra obligación como seres humanos.

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